domingo, 29 de julio de 2007

Socialismo y derechos de autor


La tarde de ayer me di una vuelta por el Centro de Arte "La Estancia", ya que nos invitaron a observar la exposición de algunos de los trabajos del maestro venezolano del cinetismo Alejandro Otero, que PDVSA presenta con motivo de la restauración del Abra Solar.

Da la casualidad que en los jardines de La Estancia se encontraba dando un concierto Evio di Marzo y su Adrenalina Caribe, uno de mis compositores favoritos de los 80's. Por supuesto, no iba a perder la oportunidad de tomar algunas fotos, e incluso Sulan (mi esposa) le pidió a su hermano que nos tomara una foto con el concierto en el fondo. En ese momento se acerca una anfotriona del centro de arte y nos pide que guardemos la cámara pues no se pueden tomar fotos.

Obviamente no me iba a quedar con esa y le pregunto la razón. Su respuesta: su cámara es demasiado profesional. Me quedé sin palabras en la boca, creo que un "muchísimas gracias" hubiese sido una mejor señal del estupor conseguido por tan incomprensible respuesta. Luego del refunfuño de rigor, guardo mi cámara y abandono los jardines rumbo a la sala de exposición. Allí, con cabeza más fría, le pregunto a las anfitrionas la verdadera razón para no dejarme tomar fotos con mi cámara. Me preguntan el destino de las fotos y les digo que son personales. Ellas me explican que mucha gente se ha lucrado con fotos tomadas en los predios del centro de arte y que incluso algunos las han puesto en Internet; eso deben impedirlo, pues lo allí expuesto forma parte del patrimonio nacional. El sarcasmo fluye a mi boca y la respuesta no podía ser otra: "mira, Evio di Marzo es muy bueno, pero no creo que todavía esté catalogado como parte del patrimonio nacional". "Ah bueno, si quiere habla con el encargado de prensa a ver que le dice".

Creo que al socialismo del siglo XXI le queda mucho camino por recorrer para que las chicas de La Estancia comprendan que patrimonio nacional significa que es de todos, pero no de nadie. Es decir, si quiero puedo tomar las fotos que me de la gana y si luego me lucro con ellas, es en ese momento que podrían emprender acciones legales. Defender derechos patrimoniales en un centro de cultura es algo totalmente incoherente, que no tiene consonancia con lo que se nos repite una y otra vez sobre la refundación de la República.

Si señorita, la próxima vez que pase por La Estancia me voy a dar una vueltecita por la oficina del Jefe de Prensa para explicarle el país y el momento que vivimos.

martes, 17 de julio de 2007

Quién lo iba a decir...

69% GeekMingle2 - Free Online Dating

Todavía recuerdo cuando ponía mi "Geek Code" al pie de mis correos electrónicos. jejejeje

Gracias al Ángel Negro por el enlace.

domingo, 15 de julio de 2007

Los Tiempos Modernos (IV)

Con muchos buenos recuerdos traidos a mi mente, sigo con el tema de los avances tecnológicos que he ido viviendo. En esta oportunidad me referiré a las computadoras que he tenido la oportunidad de operar a lo largo de mis dias de vida.

Aún recuerdo la primera computadora que tuve. Bueno, realmente no llegué "tener" computadoras sino hasta que llegué a la universidad. Lo que sucedía era que mi papá, un fanático de comprar lo que le ofrecen como "lo último en tecnología", terminaba, junto conmigo, viendo como hacer funcionar cada uno de esos "gadgets" que compraba. Así, a comienzos de los 80's, llegó a la casa la Sinclair ZX81. Por esos días estabamos enfiebrados con el ATARI, y recuerdo que utilizaba el mismo adaptador del atari para conectar la ZX81. Venía en un kit bien completo: una impresorita térmica, y un módulo de memoria de nada más y nada menos que 64K. Al menos donde nosotros vivíamos, era algo tan avanzado en aquellos días, que ni siquiera se podía hablar de su existencia, porque la gente no sabía de que rayos se les estaba hablando. En un mundo donde lo que mandaba eran las máquinas de escribir, y en los bancos se comunicaban con telex, hablar de una computadora era como hablar de Dios. Progresivamente fuí descubriendo como utilizar la ZX81, hasta que llegué a mi primer programa jamás escrito:

a=1

b=1

c=a+b



Era Basic, el lenguaje con el que comencé a programar (del cual no hablaré mucho en este post, ya que el tema será cubierto más adelante). Eran horas las que pasaba conectado a mi televisor de 13", blanco y negro, "programando". Leyendo el manual que traía la computadorita (era lo único que tenía, aún no estaba disponible Internet). Un buen día, no muy lejos del momento en que abrimos la caja por primera vez, pude imprimir en la pequeña impresora. Y eventualmente, logré hacer uso de la memoria, aunque realmente no la utilicé mucho.

Poco a poco mi papá fué olvidandose de la sinclair, y yo fuí haciéndome más y más experto. Recuerodo el día que pude utilizar, por primera vez, un televisor a color con la sinclair. Pues no pasó nada, ya que para aprovechar el color había que tener una Sinclair ZX Spectrum, con lo cual ya comenzaba, tal cual sucede hoy, que uno siempre estaba unos metros detrás de la cresta de la ola (aún por aquellos días).

El tiempo fué pasando. Quizás 2 o 3 años, cuando un buen día, mi papá apareció en la casa con lo que para mi era el último grito de la moda tecnológica. Claro, después de utilizar una computadora que tenía que conectar a un televisor, y que si no estaba enchufada no funcionaba, el ver una computadora PORTÁTIL era de verdad algo asombroso. El nuevo juguete era una EPSON PX8 GENEVA. que utilizaba un sistema operativo (cosa nueva para mi), que no era otro que el CP/M. No existían aún las unidades de disquette ni nada de eso, y lo que se hacía era tenerlo en un "ROM chip". De hecho, utilizaba 2 de estos chips, y uno de ellos (que trajo la computadora), era el wordstar. Tampoco voy a ahondar en lo que representó en mi vida (y en la de la humanidad) el wordstar, ya que lo haré eventualmente. La manera revolucionaria de almacenar información y compartirla era a través de una unidad de cinta miniatura, como la que usan los reporteros (o utilizaban). La verdad es que nunca tuvimos la oportunidad de compartir nada con nadie por ese método, pero era importante tenerlo en caso de necesitarlo. A pesar de que yo por esos días estaba en el liceo, no tenia mucho que pasar en la computadora. Sin embargo, una noche, en la que mi papá no estaba en la casa, se fué la luz, y yo aproveché para demostrarle a mi hermano y a mi mamá para que era buena esa computadora, y la saqué, y la prendí a pesar de que no había electricidad. No hice nada, repito, porque no tenía nada que hacer. Al día siguiente, cuando mi papá vió la computadora, me tocó un sermón memorable, ya que el teclado de la computadora estaba llena del producto de la fusión de la cera que compone la vela que tenia alumbrando en la mesa donde coloqué la computadora (lo que conocemos en venezuela como ESPERMA)...


Luego de esa computadora, llegó la que si me cambió la vida: la Apple IIc. Esta si fué una revolución personal. la aprendí a utilizar al dedillo. No programaba mucho (por no decir nada, pero le saqué el jugo. Pasaba todos mis trabajos. Tenía una impresora y todo, que se alimentaba con papel contínuo; y bueno, hasta un "joystick" tuve. Bueno, de hecho, aún tengo mi Apple IIc, aunque desde hace mucho no la prendo...


El siguiente paso (de mi papá), fué una macintosh 512. Esa realmente se adaptó a las necesidades de mi papá, pero para mi no fupe mas que un juguete, ya que la capacidad gráfica era insuperable (para su momento, y a pesar de ser blanco y negro, que comparado con el verde monocromático de la IIc...). Instalé muchos juegos, y fué la primera vez que utilicé un procesador de palabras tipo "word" (si es que no era el word mismo, creo que era wordperfect). Con eso se acabarían los comandos CTRL+, aunque me mantuve fiel a mi IIc, que ahora si era mia.

Luego, llegó el momento de irme a la Universidad. para ello, y en vista de que iba a estudiar Ingeniería de Sistemas, mi papá me regaló una PC, una 286, con monitor monocromático magenta, Disco Duro de 20 MB, y la exhorbitante cantidad de 64 MB de memoria RAM. Era lo último que había para el momento (septiembre 1987). Con esa computadora hice muchas, MUCHAS cosas, y aprendí muchas otras más. Pero ya esas historias forman parte de otro post, así que quien estpe interesado en conocer el resto de la historia, que continúe a la misma bati-hora, por el mismo bati-canal.

miércoles, 11 de julio de 2007

De nombres y patrocinios

Con esto de la Copa América, mi amigo Inti publicó una foto en Flickr del Estadio Metropolítano de Lara, en las afueras de Barquisimeto. En la foto propone, de manera jocosa, un nuevo nombre para este campo de futbol: el Old Guaro Trafford Cocuy Stadium. De inmediato le dije que faltaba el nombre del patrocinante, como buen estadio moderno que se precie: Old Guaro Trafford "Cocuy Jirajara" Stadium.

Por supuesto, a este primer nombre le salieron dos más, casi automáticamente:

Mérida: Stadio Delle Andi "Motatán"
Maracaibo: Sun Devil "Catira Regional Light" Stadium

Se les ocurre algún otro?

domingo, 8 de julio de 2007

Respuestas

Me fué inevitable no publicar esto. Sobran las palabras, literalmente hablando...









viernes, 6 de julio de 2007

Los tiempos modernos (III)

Siguiendo con este tema que inicié, y que anuncié que iría presentando a medida que fuera recordando, quise tocar lo referente al avance de las telecomunicaciones que yo viví desde los años 70 a los tiempos actuales. Específicamente tocaré lo referente a los teléfonos.

De pequeño, recuerdo el teléfono gris, con el circulo rojo, donde estaba el disco que utilizábamos para marcar los teléfonos a los cuales se quería llamar. Pensando ahorita, no recuerdo en esa época haber visto teléfonos públicos. Quizás es que la época era otra (obviamente) y uno nunca necesitaba llamar a nadie por ahi por la calle. A veces me pregunto como era que vivíamos tan tranquilos. Recuerdo que mi papá salía a trabajar, y sabíamos de él o bien porque llegaba a mediodía, o porque lo llamábamos a su oficina, lo cual era muy, MUY raro. La gente salía, y nadie sabía nada de lo que hacían, dónde andaban, cuándo regresaban, si estaban bien o mal, sino hasta que se les volvía a ver. Una consecuencia directa de eso era que había muchas cosas que contar al verse. Eran horas que se pasaban "incomunicados" de sus seres queridos, amigos, compañeros de trabajo o jefes. Si se pedía permiso, no se podía saber nada del empleado hasta el momento en que regresaba. Uno mismo se iba para la escuela, y no sabían nada de uno sino hasta que regresaba. Definitivamente eran otras épocas, y para mi, de más calidad que las actuales.

Recuerdo claramente que un día, mi papá anunció nuestro viaje a Miami. Eso fué antes del viernes negro (agosto del 82). En vista de nuestro viaje, fueron muchos los encargos que nos hicieron. Recuerdo claramente que un amigo de mi papá le pidió que le trajera un teléfono inalámbrico. Entre las muchas cosas que hicimos estando en Miami, fué ir a una tienda (quizás una radioshack), a buscar, entre otras cosas (inútiles la mayoría, especialmente hoy en día), el teléfono inalámbrico. Recuerdo que habían muchos modelos, aunque no recuerdo los tipos. Lo que si recuerdo es el modelo que compró mi papá para su amigo. Un teléfono que parecía más bien un radio; era grande, muy grande; blanco, traía un estuche de cuero negro horrible, y una antena telescópica como de 2 metros al extenderla toda. Aparte de eso, traía como 4 antenas que eran para colocar por fuera de la casa, y que se conectaban a la base, que permitían que se tuviese cobertura no se cuantos kilómetros a la redonda. La idea del teléfono era ser algo similar a lo que hoy en día son los teléfonos celulares. Mi papá se lo trajo a su amigo, quien por supuesto lo rechazó, para deleite de mi papá, porque era una aparato realmente grande y muy poco práctico. Nosotros lo instalamos y lo utilizamos con mucho orgullo, aunque las antenas externas quedaron solo para ser utilizadas como espadas laser (imitando a las de la guerra de las galaxias, ya que estaba saliendo la película "el imperio contraataca"), para luego desaparecer en medio de las montañas de cosasinútiles.com que teníamos, y que terminaban en un camión de basura en alguna época del año en que mi mamá se arrechaba.Lo importante de este recuerdo es cómo, en aquellos días (como dicen en la biblia cuando se refieren a los tiempos de Jesús), no existían los teléfonos inalámbricos, aparatos que hoy en día son de uso común, aunque no todo el mundo tiene uno (quizás por razones técnicas, mas no económicas).

A partir de esos días comenzó el desastre que nos ha conducido al ritmo que llevamos hoy en día. Comenzaron a utilizarse (al menos yo) los teléfonos monederos. Luego vinieron los tarjeteros, hasta los que tenemos hoy en día. Y entonces aparecieron los teléfonos celulares. Recuerdo como si fuese ayer el primer teléfono celular que llegó a la casa. En realidad llegaron 2. Uno era un motorola, de los que llamaban "bloque", y otro que era el de lujo.



Yo mataba por cargar esos teléfonos, pero debido a lo caro (realmente caro) que era utilizarlo, me prohibieron terminantemente hacerlo. Pero la suerte me acompañó, y cuando me fuí a estudiar a mérida, le dieron a mi tía, con quien vivía, uno de los teléfonos (el de lujo), por lo cual yo hice todo lo posible por convencerla de cargarlo, hasta que lo logré.





No fué tan difícil, ya que era realmente estrambótico cargar un teléfono, y por lo caro que era llamar a uno, practicamente nadie lo hacía por esos días (hoy en día es estrambótico no cargar un teléfono, aunque sigue siendo muy caro llamar a uno). Recuerdo que por esos días fuimos un día a casa de Igor. estaban sus hermanas reunidas con unos amigos, y de nuestro lado recuerdo que estábamos Igor, Julio y yo (no recuerdo si habia alguien mas, quizas y muy seguramente Héctor), y yo me puse a llamar a la casa de Igor con mi celular, y cuando la hermana de Igor atendía, yo colgaba. Con eso nos divertimos un buen rato hasta que me descubrieron, y me hicieron objeto de muy malas miradas.Pues bueno, en esos días antes de los celulares, regresando a lo que indiqué al comienzo, éramos muy felices. Nadie podía conseguirlo a uno. No había desespero por un enchufe o un cargador, como sucede hoy en día, que parece que alguien fuese a morir cuando se escucha la señal del teléfono que está bajo de batería. De hecho, con los primeros teléfonos el talón de aquiles era la pila; no eran "inteligentes", si no se descargaban totalmente antes de cargarlas, se reducía drásticamente la duración de las mismas, por lo cual la competencia, después de tener el último teléfono, era tener el mejor cargador. Los mejores eran los que descargaban la pila antes de cargarla, pero eran muy caros. Tener un celular era realmente un lujo. No existía el prepago, de manera que el celular era un lujo solo para aquellos que tenían una tarjeta de crédito, con límite suficiente para cubrir las altísimas tarifas que cobraba, en esa época, solo telcel.

Hoy en día hago el ejercicio de ver como sería mi vida sin celular: podría andar por la calle sin necesidad de que me llamen para preguntarme donde estoy; tendría mucho mas que conversar con la gente cuando la veo, ya que por lo general, cuando a uno le pasa algo importante, lo primero que hace es llamar a alguien (o a varios) para contarles, quedando para el momento del encuentro personal, la frase "ajá, y entonces que fué lo que te pasó que me contaste por teléfono?", lo cual, a mi gusto, le quita lo romántico a la conversación, y mata definitivamente la emoción del relato de un buen cuento. Si pido permiso en el trabajo, no me llamarían para saber donde estoy, que estoy haciendo, o si puedo regresar antes de lo que había dicho. Las vacaciones serían realmente vacaciones. Y finalmente, no tendría que contestar el teléfono a juro, por temor a que quien me llama me esté observando... definitivamente, sería MUY feliz, aunque no me quejo de las ventajas de poder tenerlo. Uno de los teléfonos que marcó mi vida fué el motorola starTAC. recuerdo que cuando compré el primero, en octubre de 1998, lo primero que leí en el manual fué un párrafo que decía algo así: "usted tiene en su mano la pieza tecnológica más avanzada del género humano...". No era exactamente así, pero es lo que me hizo sentir. Luego de ese equipo tuve otros modelos de starTAC, hasta que desaparecieron. Hoy en día tengo un smartphone, que me permite estar conectado en todo momento a Internet, que es otro tema que tocaré en otra entrega, ya que también he vivido muchos cambios desde que me conecté por primera vez hasta ahora, que lo hago desde mi teléfono celular.


Beam me up, scotie!

domingo, 1 de julio de 2007

Los dragones existen

Durante 11 días tuve hospedado a un dragón en mi casa. La mayor parte del tiempo se la pasaba dormitando sobre su cama de tesoros (suelen llevar consigo un poco cuando salen de vacaciones). Eso si, mientras está reposando, un dragón siempre está filosofando en su gutural lengua. La siguiente es una grabación de su disertaciones sobre el diario renacimiento del Jepri, algo que había observado en su reciente viaje a Egipto:



Lo escuchado son, en realidad, los ronquidos de mi "querido" cuñado Carlos, que durante esos 11 días se dedicó a amargarme el sueño. Lo peor, es que su esposa dormía a su lado con el sueño de los justos. Increible.