viernes, 6 de julio de 2007

Los tiempos modernos (III)

Siguiendo con este tema que inicié, y que anuncié que iría presentando a medida que fuera recordando, quise tocar lo referente al avance de las telecomunicaciones que yo viví desde los años 70 a los tiempos actuales. Específicamente tocaré lo referente a los teléfonos.

De pequeño, recuerdo el teléfono gris, con el circulo rojo, donde estaba el disco que utilizábamos para marcar los teléfonos a los cuales se quería llamar. Pensando ahorita, no recuerdo en esa época haber visto teléfonos públicos. Quizás es que la época era otra (obviamente) y uno nunca necesitaba llamar a nadie por ahi por la calle. A veces me pregunto como era que vivíamos tan tranquilos. Recuerdo que mi papá salía a trabajar, y sabíamos de él o bien porque llegaba a mediodía, o porque lo llamábamos a su oficina, lo cual era muy, MUY raro. La gente salía, y nadie sabía nada de lo que hacían, dónde andaban, cuándo regresaban, si estaban bien o mal, sino hasta que se les volvía a ver. Una consecuencia directa de eso era que había muchas cosas que contar al verse. Eran horas que se pasaban "incomunicados" de sus seres queridos, amigos, compañeros de trabajo o jefes. Si se pedía permiso, no se podía saber nada del empleado hasta el momento en que regresaba. Uno mismo se iba para la escuela, y no sabían nada de uno sino hasta que regresaba. Definitivamente eran otras épocas, y para mi, de más calidad que las actuales.

Recuerdo claramente que un día, mi papá anunció nuestro viaje a Miami. Eso fué antes del viernes negro (agosto del 82). En vista de nuestro viaje, fueron muchos los encargos que nos hicieron. Recuerdo claramente que un amigo de mi papá le pidió que le trajera un teléfono inalámbrico. Entre las muchas cosas que hicimos estando en Miami, fué ir a una tienda (quizás una radioshack), a buscar, entre otras cosas (inútiles la mayoría, especialmente hoy en día), el teléfono inalámbrico. Recuerdo que habían muchos modelos, aunque no recuerdo los tipos. Lo que si recuerdo es el modelo que compró mi papá para su amigo. Un teléfono que parecía más bien un radio; era grande, muy grande; blanco, traía un estuche de cuero negro horrible, y una antena telescópica como de 2 metros al extenderla toda. Aparte de eso, traía como 4 antenas que eran para colocar por fuera de la casa, y que se conectaban a la base, que permitían que se tuviese cobertura no se cuantos kilómetros a la redonda. La idea del teléfono era ser algo similar a lo que hoy en día son los teléfonos celulares. Mi papá se lo trajo a su amigo, quien por supuesto lo rechazó, para deleite de mi papá, porque era una aparato realmente grande y muy poco práctico. Nosotros lo instalamos y lo utilizamos con mucho orgullo, aunque las antenas externas quedaron solo para ser utilizadas como espadas laser (imitando a las de la guerra de las galaxias, ya que estaba saliendo la película "el imperio contraataca"), para luego desaparecer en medio de las montañas de cosasinútiles.com que teníamos, y que terminaban en un camión de basura en alguna época del año en que mi mamá se arrechaba.Lo importante de este recuerdo es cómo, en aquellos días (como dicen en la biblia cuando se refieren a los tiempos de Jesús), no existían los teléfonos inalámbricos, aparatos que hoy en día son de uso común, aunque no todo el mundo tiene uno (quizás por razones técnicas, mas no económicas).

A partir de esos días comenzó el desastre que nos ha conducido al ritmo que llevamos hoy en día. Comenzaron a utilizarse (al menos yo) los teléfonos monederos. Luego vinieron los tarjeteros, hasta los que tenemos hoy en día. Y entonces aparecieron los teléfonos celulares. Recuerdo como si fuese ayer el primer teléfono celular que llegó a la casa. En realidad llegaron 2. Uno era un motorola, de los que llamaban "bloque", y otro que era el de lujo.



Yo mataba por cargar esos teléfonos, pero debido a lo caro (realmente caro) que era utilizarlo, me prohibieron terminantemente hacerlo. Pero la suerte me acompañó, y cuando me fuí a estudiar a mérida, le dieron a mi tía, con quien vivía, uno de los teléfonos (el de lujo), por lo cual yo hice todo lo posible por convencerla de cargarlo, hasta que lo logré.





No fué tan difícil, ya que era realmente estrambótico cargar un teléfono, y por lo caro que era llamar a uno, practicamente nadie lo hacía por esos días (hoy en día es estrambótico no cargar un teléfono, aunque sigue siendo muy caro llamar a uno). Recuerdo que por esos días fuimos un día a casa de Igor. estaban sus hermanas reunidas con unos amigos, y de nuestro lado recuerdo que estábamos Igor, Julio y yo (no recuerdo si habia alguien mas, quizas y muy seguramente Héctor), y yo me puse a llamar a la casa de Igor con mi celular, y cuando la hermana de Igor atendía, yo colgaba. Con eso nos divertimos un buen rato hasta que me descubrieron, y me hicieron objeto de muy malas miradas.Pues bueno, en esos días antes de los celulares, regresando a lo que indiqué al comienzo, éramos muy felices. Nadie podía conseguirlo a uno. No había desespero por un enchufe o un cargador, como sucede hoy en día, que parece que alguien fuese a morir cuando se escucha la señal del teléfono que está bajo de batería. De hecho, con los primeros teléfonos el talón de aquiles era la pila; no eran "inteligentes", si no se descargaban totalmente antes de cargarlas, se reducía drásticamente la duración de las mismas, por lo cual la competencia, después de tener el último teléfono, era tener el mejor cargador. Los mejores eran los que descargaban la pila antes de cargarla, pero eran muy caros. Tener un celular era realmente un lujo. No existía el prepago, de manera que el celular era un lujo solo para aquellos que tenían una tarjeta de crédito, con límite suficiente para cubrir las altísimas tarifas que cobraba, en esa época, solo telcel.

Hoy en día hago el ejercicio de ver como sería mi vida sin celular: podría andar por la calle sin necesidad de que me llamen para preguntarme donde estoy; tendría mucho mas que conversar con la gente cuando la veo, ya que por lo general, cuando a uno le pasa algo importante, lo primero que hace es llamar a alguien (o a varios) para contarles, quedando para el momento del encuentro personal, la frase "ajá, y entonces que fué lo que te pasó que me contaste por teléfono?", lo cual, a mi gusto, le quita lo romántico a la conversación, y mata definitivamente la emoción del relato de un buen cuento. Si pido permiso en el trabajo, no me llamarían para saber donde estoy, que estoy haciendo, o si puedo regresar antes de lo que había dicho. Las vacaciones serían realmente vacaciones. Y finalmente, no tendría que contestar el teléfono a juro, por temor a que quien me llama me esté observando... definitivamente, sería MUY feliz, aunque no me quejo de las ventajas de poder tenerlo. Uno de los teléfonos que marcó mi vida fué el motorola starTAC. recuerdo que cuando compré el primero, en octubre de 1998, lo primero que leí en el manual fué un párrafo que decía algo así: "usted tiene en su mano la pieza tecnológica más avanzada del género humano...". No era exactamente así, pero es lo que me hizo sentir. Luego de ese equipo tuve otros modelos de starTAC, hasta que desaparecieron. Hoy en día tengo un smartphone, que me permite estar conectado en todo momento a Internet, que es otro tema que tocaré en otra entrega, ya que también he vivido muchos cambios desde que me conecté por primera vez hasta ahora, que lo hago desde mi teléfono celular.


Beam me up, scotie!

3 comentarios:

iGor (Antonio) dijo...

Jajaja xD

Mi hermana recuerda eso también, por lo que creo que las muy malas miradas fueron reales.

Post perfecto B-)

Estuve punto de cometer la estrambotiquéz -no me iba a quedar con las ganas de usar esa palabrota- de dejar de usar celular hace 1 año y pico. Luego, mi nuevo trabajo me obligó a mantener contacto con mis viejos y volví a la época de los 700 minutos por mes como mínimo.

Algún día me desconectaré.

Fernando Castellano dijo...

No creo que alguien pueda desconectarse en esta época. Es algo que creo que se incorporado en nuestro ADN. A uno le pican las manos si no carga un celular. No puede vivir sin revisar el correo. Y de paso, como hay gente que viven de esas necesidades, siempre habrá la manera de hacerte creer que sin eso no se puede vivir.
Se suponía que la tecnología iba a hacer má sfácil la vida, pero resultó que la vida no es vida sin la tecnología... cosas veredes amigo sancho!

Unknown dijo...

A mi me encanta cuando se descarga el celular y no tengo posibilidad de enchufarlo (porque yo nunca llevo el cargador encima).

Lo uso solo para emergencias y trato de sentirme como cuando no existían.

No es que lo logre, pero bueno, por lo menos puedo asegurar que no llamo mas de 10 minutos por mes por celular y a no me llaman mas de 10 minutos tampoco... afortunadamente mi trabajo lo permite...

Pero eso si, no me quiten mi conexión a internet!!!!!